Casa Batlló: El ascensor

El otro día, cuando subía en el ascensor de la casa Batlló, me acordaba como era y como se ha ido transformando, para adaptarlo a la dichosa normativa, que prácticamente no respeta nada de nada.

Cuando yo era muy pequeño, recuerdo como era ese ascensor.

 

Tenía dos puertas, que aún conserva, pero eran de aquellas correderas, que si tenías suerte y con grandes esfuerzos, lograbas cerrar, para que subiera el ascensor. Claro está, que aunque no cerraran muy bien, le aplicabas los mil y un trucos, y también subía.

 

El interior de la cabina, disponía de dos espejos, sobre dos bancos de madera, situados enfrentados. Me maravillaba, como obtenías aquella imagen de profundidad total, al mirarte en los espejos. El ascensor, disponía de dos asientos, para poder ir conversando tranquilamente, mientras muy, muy, muy, lentamente se desplazaba hacia las alturas. Con el tiempo, se le quitó uno de de los asientos, para aumentar su capacidad, ya que como habían mejorado el motor, la velocidad ahora era vertiginosa y no hacía falta sentarse. Posteriormente, perdió el otro. Yo creo que esto es como la edad de las personas, que con el tiempo pierden los dientes, pues bien, el ascensor pierde los bancos.

También recuerdo la botonera, que ahora se encuentra en un lateral, donde antes había habido un espejo. Se encontraba en el frente, donde hay los cristales largos e inclinados. Si, la botonera era importante y estaba inclinada, situada en la madera de la zona central, sin empotrar, toda salida, como diciendo, aquí estoy yo.

Este ascensor que recuerdo, le faltaba un cristal, en la esquina derecha del fondo del techo, que utilizábamos para poder bajar en él, el domingo de ramos con nuestros largos palmones. Lo que no se, es si era adrede, o es que un día se había roto y nadie lo había repuesto, viendo la utilidad que tenía.

Claro está, que al fijarme ahora, vi que le faltaban dos cristales en el techo. Pero esta vez, como se seguro que no es para los palmones, rápidamente pensé, esto es peligroso, ya que si uno mete la mano, se la puede enganchar en las guías y lógicamente, esto no debe cumplir “la normativa”. Qué deformación profesional, ¿verdad?

Pues bien ahí está, este ascensor, maquillado al estilo actual, con su sistema hidráulico, sin asientos, con un solo espejo, con botonera moderna y empotrada, situada donde estaba el otro espejo, con puertas batientes y seguras, con sus dos pomitos ridículos, aguantando el tiempo y los “guiris”, cada día y a todas horas.




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