Climatización. Necesidad de sus moradores.
Climatizar la vivienda, es obtener un buen confort, o lo que es lo mismo, estar muy calentitos en invierno y muy frescos en verano. Si utilizamos la vivienda como segunda residencia, para las escapadas de fin de semana, lógicamente, no la dejaremos climatizada siempre, aunque no vaya a haber nadie en ella.
Otro caso, es cuando todos sus habitantes, salen corriendo de buena mañana, a ganarse el sustento (el televisor, la nintendo, el coche, las vacaciones, la hipoteca, etc. etc., ah!… y la comida embasada y congelada) y no regresan hasta bien entrada la tarde. ¿Qué hacer con la calefacción o la refrigeración?, la apagamos y encendemos, la mantenemos encendida? ¡Qué problema!. Si la apagamos, cuando llegamos, tenemos frio en invierno y calor en verano, y si no la apagamos, ya no hace falta que vayamos, ya que tenemos que trabajar tantas horas para poder pagar su consumo. Total, que no sabemos para qué climatizamos nuestro “hogar”, si luego no es tal hogar, ya que, o es una nevera, o es un horno, o es una máquina de gastar.
Si la vivienda es de fin de semana, lo ideal, es un sistema de climatización muy rápido. Para calentar o enfriar rápido, hay que climatizar unicamente el aire y no necesariamente las paredes, techos, suelos, etc. Luego emplearemos sistemas de climatización por aire. Para notar el calor o frescor ambiental, tiene que haber trascurrido un mínimo, de unas tres horas, dependiendo del salto térmico que queramos conseguir. Para conseguir, que al llegar a nuestro refugio de fin de semana, lo encontremos a la temperatura deseada, tendremos que ponerlo en marcha, como mínimo, unas tres horas antes. ¿Qué podemos hacer? Lo ponemos y nos vamos a cenar o comer a un restaurante climatizado y nos tiramos en él las tres horas, para así cuando lleguemos encontrarlo confortable, o bien encargar (y lo más normal, pagar) a alguien de los alrededores que nos la encienda, estas tres horas antes, previa llamada por teléfono.
Existen sistemas de programación, colocados en los aparatos, que nos permiten prever, que se encienda y apague a la hora que queramos, el día que queramos. O sistemas más complejos, que realizando una llamada telefónica, y aplicando un código, encendamos o apaguemos la climatización, sin necesidad de nadie, eso sí, hay que acordarse.
En la vivienda en que todos salen corriendo por la mañana a trabajar, es mucho más fácil y económico, bajar los termostatos a temperaturas prudentes, 16/17 grados en invierno y 28/29 grados en verano, para volver a subirlo o bajarlo en el momento de entrar, ya que se obtiene la temperatura óptima en poco tiempo y el consumo no es tan grande. La otra opción, es usar los programadores, como he apuntado en el párrafo anterior.
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